transformación digital del abogado

Los abogados están aprendiendo a programar y esto traerá el fin de la abogacía tradicional

Arículo originalmente publicado en Legal Today por Fernando Biurrun Abad.

Tras repasar el impacto de los smart contracts, el blockchain y su aplicación a los negocios financieros, las apuestas, la gestión de drones y lo que traerá consigo el internet de las cosas llega a la conclusión de que “los abogados no desaparecerán, porque seguirán surgiendo conflictos, pero su labor se verá reducida. Los notarios y registradores lo tendrán más complicado” y, básicamente los abogados que sepan programar sobrevivirán a este nuevo apocalipsis.

Un artículo provocador, cuanto menos, que tuvo su debate en twitter y su contestación en su blog por Alfredo Herranz, abogado experto en temas tecnológicos que concluye que los abogados “no necesitan programar ni van a desaparecer los abogados que no sepan programar. El abogado sí debe aprender a abrir su mente y pensar de una manera diferente a como hasta ahora entiende el derecho y el ejercicio y práctica del mismo”. Por ello considera importante que los abogados “se vayan entrenando habilidades y competencias como: entender la tecnología que viene; entender la programación; entender cómo hacerte entender con ingenieros; entender cómo transformar soluciones jurídicas en herramientas tecnológicas”.

Una conclusión muy próxima a las reflexiones que nos ha trasmitido María Jesús González-Espejo en el artículo sobre la transformación digital del abogado que publicamos en esta misma página.

La conciliación del derecho y la informática, para los que vivimos la revolución digital en el sector editorial, es un debate que me atrevería a llamar viejo. En todo el desarrollo de productos tecnológicos para abogados vivimos en primera persona todas las dificultades que los despachos que se han lanzado a la implementación de las tecnologías objeto del debate han trasmitido con las dificultades de comunicación entre abogados y juristas con desarrolladores informáticos.

Nuestras soluciones siguieron la línea que apuntaba Alfredo Herranz en su artículo, identificando y formando, de un lado, a los letrados con un perfil más avanzado a saber conceptualizar los requerimientos que necesita el programador para hacer su trabajo y, de otro, identificando a los programadores que tenían más adaptabilidad a entender a los usuarios. ¿Hubiera solucionado el problema un letrado con conocimientos de programación?

Seguramente nos hubiera ayudado a allanar aún más la comunicación de los diferentes departamentos, pero el mundo de la programación y de los leguajes de programación puede resultar tan complejo como el de las especializaciones en el mundo del derecho.

En evidente que esta visión del desarrollo legal basado en la tecnología va a requerir una evolución y que requiere, además, un cambio desde los sistemas formativos y, en especial, de la universidad. Pero la universidad tiene un tiempo de reacción un tanto lento para dar respuesta a la inmediatez de esta situación. Hasta que el mercado no manifieste una demanda real, la formación universitaria no se adaptará, recordemos todo el proceso que llevo a la creación de las dobles titulaciones que comparten los estudios de derecho.

María Jesús González-Espejo en un alarde de atrevimiento nos habla de nuevas profesiones que podrían denominarse como “Diseñador de procesos para cadenas de bloques”; “Diseñador legal de bots”; “Redactor de códigos éticos para robots” o “Experto en usabilidad legal”

No vamos a negar que puede llegar una evolución de los estudios universitarios para la formación de nuevas profesiones, siempre que en el mercado exista una oferta amplia de profesionales que reúnan estas características, pero ¿realmente va a requerir cientos o miles de abogados con estos conocimientos? ¿va a ser su formación tan compleja para entender no solo la evolución normativa, sino, también, los diferentes lenguajes de programación?

Podríamos seguir planteándonos muchas más preguntas, para una realidad que hoy por hoy solo está encima de la mesa de unos pocos. Veamos su evolución paso a paso sin alarmismos innecesarios.

Leave a Reply