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Si tu me dices ven, lo dejo todo

Sí, así dice la famosa canción de los Panchos y así me decía Claudio Boada, presidente del Círculo de Empresarios, hace unos días en un almuerzo, que le “cantaban” a sus empleados muchos jefes. Se refería él a esos jefes para los que lo suyo es siempre lo más importante, aquellos para los que la agenda de sus subordinados no tiene citas importantes y que por tanto, entienden que su equipo debe estar siempre disponible.

 Dicen algunos estudios de bechmarking, que comparan las competencias y habilidades de directivos de distintas nacionalidades, que nosotros los españoles destacamos por nuestra capacidad de adaptación y flexibilidad. Dicen también muchos estudios que somos sin embargo poco productivos.  Que te interrumpan en el trabajo para una reunión imprevista o que te hagan cambiar una cita ya cerrada, exige desde luego buenas dosis de flexibilidad y capacidad de adaptación. No me atrevo a decir que exista una relación entre los cambios repentinos de agenda y la falta de productividad de los trabajadores españoles (aunque quizás sea ésta una pregunta a incluir en algún cuestionario de esos que se hacen a los directivos sobre su empresa/trabajo o sector o un aspecto a estudiar por algún investigador de una escuela de negocios).   Como en las empresas tenemos que buscar ser eficientes se me ocurre que si ejercemos como líderes de un equipo, antes de convocar a uno de los miembros del mismo a una reunión imprevista deberíamos previamente hacer tres cosas: 1. Pensar si realmente le necesitamos para resolver el asunto; 2. Valorar el nivel de urgencia de la reunión e incluso la conveniencia de que la reunión sea planificada y organizada con tiempo y finalmente, 3. Preguntar antes de nada al convocado o convocados, si en su agenda hay alguna reunión o asunto de mayor enjundia. Entonces y sólo entonces, debería convocar a esa persona a mi “urgente reunión”.  Y es que responder a estas tres cuestiones nos tomará sólo unos segundos, mientras que interrumpir el trabajo de otro, seguro que supone para el “interrumpido”, la inversión de más que unos segundos en retomar lo que hacía, prepararse para la imprevista reunión y dedicarnos un tiempo que quizás a la empresa convendría se invirtiera no en vernos, sino en sacar adelante lo que se estaba haciendo antes de que surgiera nuestra espontanea convocatoria.   El título de la canción de los Panchos es muy poético y a todos nos gustaría que alguien hiciera eso por nosotros, “dejarlo todo”. Sin embargo, éste no debería servirnos como himno en nuestras organizaciones, sobre todo si queremos que éstas sean realmente productivas.

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