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El peligro de los silos

Un silo es un lugar profundo, seco y oscuro donde se almacena el grano. En las empresas actuales si hay algo que puede evitar el logro de los objetivos estratégicos es que los diferentes departamentos financiero, marketing, sistemas, operaciones, etc. funcionen de forma aislada, como áreas estancas, secas, profundamente cerradas a que el “conocimiento” fluya y llene las venas de la organización, haciéndola más fuerte y permitiendo que se produzcan sinergias, ventas cruzadas, mejoras organizativas o que se innove.

La semana pasada nos han informado diferentes medios sobre el trabajo emitido por el auditor de la actividad del FMI entre 2004 y 2007 (ver informe) y entre las razones de las ineficiencias que se han producido en el funcionamiento de esta institución (se aconseja la lectura de las páginas 33 y ss.) se señalan los problemas de organización, la falta de incentivos para trabajar en común y exponer ideas críticas. El FMI parecía funcionar en silos, que hacían difícil el trabajo en común y los flujos de información. Es triste que así haya sido y las consecuencias las estamos sufriendo todos. Seguro que se están tomando ya medidas para cambiar esta situación y loable es la autocrítica y la publicación de estos datos, en cuyo espejo más de una organización de nuestro entorno estoy segura de que puede verse reflejada.

Si es el caso de la tuya, la verdad es que te transmito mi más sentido pésame, porque pienso que trabajar en entornos tipo silo es algo que va contra natura. El ser humano es un animal social y como tal, puede realizarse con más facilidad en organizaciones que invitan a la participación, a la colaboración, al trabajo en equipo.

¿Es tan difícil crear organizaciones sin silos? Pienso que no. Para que el sistema circulatorio de una organización funcione correctamente y las ideas y experiencias se compartan, tiene que haber una buena infraestructura (repositorios y herramientas) que permita compartir sin tener que hacer grandes esfuerzos para archivar, buscar, organizar. Tiene además que haber buen líquido, es decir, talento con capacidad para crear buena savia y con ganas de crearla. Esto último puede fomentarse a través de la elección de sistemas de retribución variable para cuya determinación se mida la aportación que hace el profesional al “bien común”. Ese bien común puede ser la base de modelos y experiencias; la base de datos de clientes; las actividades de formación o el apoyo a través del “mentoring” a profesionales con menos experiencia. Además es importante seleccionar a los profesionales adecuados. No todo el mundo es por naturaleza generoso y todos sabemos lo difícil que es cambiar un carácter. Fomentar la movilidad entre departamentos y la creación de comités de trabajo son también medidas que pueden ayudar  a romper barreras.

En conclusión, la experiencia del FMI nos enseña la importancia de la mejora continua, de la autocrítica y sobre todo de evitar que nuestra organización caiga en el formato silos que tanto daño puede hacer y tan complicado es cambiar.

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