¿Hacemos cada vez más comprensible el lenguaje jurídico?

En los últimos tiempos, las grandes empresas de Internet están haciendo cada vez más entendibles para los usuarios los términos y condiciones de uso, acercando el lenguaje jurídico a cualquier persona lega en Derecho.

Además, el CGPJ y la RAE han anunciado la elaboración de un  diccionario de términos jurídicos y la preparación de un libro de estilo de la Justicia.

Estos signos, y otros más, han hecho que María Jesús González-Espejo, nuestra Socia Directora, se haya planteado recientemente en el blog “¿Hay Derecho?” si se ha iniciado una nueva época, en la que se pretende que el lenguaje jurídico sea comprensible para todos:

¿Se ha iniciado una nueva era, la de la trasparencia y claridad en el uso del lenguaje jurídico?

En las últimas semanas he recibido varios correos electrónicos de algunas de las grandes empresas de internet, como google o Facebook. Me explican en esos correos que están modificando sus términos y condiciones generales y me informan sobre ello. Lo que me sorprende es la cercanía que rezuma el mensaje y la claridad de lo que me explican. Y me sorprendo porque por fin entiendo sin tener que leer dos veces algunos textos, la totalidad de estos contratos de adhesión.

También en estos días nos informaban de la firma por los presidentes del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, y el director de la Real Academia Española (RAE), José Manuel Blecua de un convenio de colaboración que tiene como objetivo la elaboración de un  diccionario de términos jurídicos y la preparación de un libro de estilo de la Justicia. Según señala la nota de prensa se “pretende ayudar a la mejora de la calidad expositiva y literaria de las resoluciones judiciales, ya que, si bien en España y en otros países europeos existen iniciativas dirigidas a lograr que el lenguaje de las leyes sea claro, el de la jurisprudencia, que también es decisivo para la claridad e interpretación del Derecho, ha sido objeto tradicionalmente de menor atención. En este sentido, se considera que uno de los instrumentos que podrían ayudar al buen uso del español por los jueces y tribunales es un libro de estilo de la Justicia que contenga normas de escritura; formas de manejar los nombres, las abreviaciones y los signos; reglas gramaticales; errores frecuentes; utilización de términos de otros idiomas extranjeros, etc.”. No es éste el primer libro de estilo sobre la materia, ya con anterioridad algunos colegios de abogados y al menos una de las grandes firmas de abogados han editado obras de similar alcance y objetivos.

 ¿Qué está pasando?, ¿es posible que por fin se esté produciendo un cambio en el registro escogido por los letrados de estas empresas a la hora de comunicar a los clientes las condiciones de contratación?; ¿se han dado por fin cuenta quienes dirigen las instituciones de los colectivos clave del sector legal, de la importancia de formar y dotar a los profesionales que representan de herramientas adecuadas relacionadas con el uso del lenguaje?; ¿habrá la crisis y la influencia que en ella han tenido determinadas prácticas basadas en el oscurantismo y en la ofuscación lingüística, servido de lección a nuestras empresas e instituciones o al menos a algunas de ellas, y se tendrá a partir de ahora el objetivo de que el cliente entienda lo que contrata y el ciudadano lo que se le comunica? Mi opinión es que es bastante posible que así sea y, a los hechos, antes descritos, me remito.

La claridad en la comunicación no sirve sólo para que nos entiendan, sino sobre todo para GENERARCONFIANZA y la confianza es una de las razones que soportan el desarrollo económico. Sin confianza, no hay negocios. Sin confianza, el sistema jurídico se resiente y deja de funcionar.

Además la claridad en la comunicación sirve para EVITAR CONFLICTOS y si algo sobra en nuestra sociedad es éste “género”.

Finalmente, la claridad en la comunicación sirve también para EVITAR ERRORES y EQUIVOCACIONES.Si entiendo lo que contrato y en qué condiciones, no habrá errores ni equivocaciones en mis expectativas o al menos, éstos serán limitados. Si entiendo mis derechos y obligaciones, porque soy capaz de comprender las normas y las sentencias, seguro que me resultará más fácil respetar su dictado.

En suma, escribir y hablar con claridad tiene enormes ventajas para la relación con nuestras audiencias y a la vista de que lo complicado que resulta hoy atraerlas y fidelizarlas (sean éstas meros lectores, clientes, ciudadanos, etc.), posiblemente ha llegado el momento de utilizar el lenguaje como herramienta para lograrlo. Esperemos que éste sea el principio de un cambio a un nuevo ciclo, el de la transparencia y claridad de los mensajes, el de la comprensión mutua y el diálogo fluido. Posiblemente ha comenzado una nueva era.

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