La eficiencia en los modelos organizativos de las asesorías jurídicas

Por lo general, las empresas cuando comienzan a tener un volumen importante de negocio y en consecuencia, requieren de la contratación frecuente de abogados externos, proceden a incorporar en plantilla un abogado interno. Es decir, que es más infrecuente (y la excepción a la regla serían las empresas en las que las áreas jurídicas forman parte del “core business”, como las que pertenecen al ámbito de los sectores regulados o las correspondientes a sectores con regímenes de responsabilidad complejos), que una empresa incluya en su plantilla desde el inicio un profesional que se ocupe de los asuntos jurídicos. Suele surgir así la asesoría jurídica más como respuesta a una necesidad sobrevenida, que como resultado de una decisión estratégica. El caso es que una  vez creados, estos departamentos tienen en común que son considerados, en el marco de sus organizaciones como:

 1) Un área de apoyo y

 2) Un centro de coste.

Sin embargo, la realidad muestra que las asesorías jurídicas son departamentos con perfiles muy diferentes. En las líneas siguientes reflexionaremos sobre los principales modelos organizativos que presentan. En mi experiencia pueden clasificarse los modelos organizativos en tres  tipos:

1. Todoterreno: Este tipo de asesoría no externaliza prácticamente ningún asunto, todas las necesidades jurídicas de la empresa, sean de la naturaleza que sean: fiscal, laboral, mercantil, competencia, etc. se cubren internamente. Este modelo organizativo exige disponer de abogados multidisciplinares o “todoterreno” en el campo técnico que además sean buenos gestores o bien dimensionar mucho el equipo y tener dos tipos de profesionales los gestores y los técnicos. Este tipo de asesoría jurídica puede ofrecer al abogado que en ella trabaja -cuando no es posible contar con un equipo numeroso- la ventaja de la variedad de temas que se tienen que gestionar, pero a su vez, suele tener la desventaja de que no es posible especializarse y se acaba sabiendo un poco de todo y mucho de nada.  Por otra parte, estos abogados tienen que ser capaces de gestionar eficientemente todos los asuntos que llevan y sus departamentos son en realidad como un despacho de abogados cuyo cliente es único: la empresa. Como “pseudodespachos” necesitan gestionar el conocimiento, la documentación, el equipo, su formación, su carrera, etc.

 2. De primeros auxilios: Se encargan de los asuntos más relacionados con el día a día de la empresa y subcontratan la resolución de aquellas cuestiones que entrañan cierta dificultad o que corresponden a especialidades sobre las que no tienen experiencia ni conocimientos. Estos abogados pueden por tanto ser personas sin amplia experiencia en materia jurídica, pero deben ser capaces de gestionar la contratación de los mejores abogados externos para cada asunto y lógicamente de supervisar el trabajo por ellos realizado. Este tipo de asesoría jurídica requiere la colaboración de despachos de los llamados “boutique”, ya que el servicio que necesitan contratar es muy especializado. La desventaja para los abogados de empresa de trabajar en un departamento de  este tipo es que por lo general el día a día de la empresa no genera una gran variedad de temas y al final se cae en la súper especialización, que -aunque en función del campo puede llegar a ser atractiva-, por lo general puede llegar a resultar aburrida e incluso obsesiva. Recuerdo la anécdota de una conocida que estuvo varios años trabando en una empresa dedicada a las bases de datos y que no era capaz de cumplimentar un cuestionario de esos en los que se solicitan datos personales sin leerse la letra pequeña y cuestionar la “finalidad del fichero”. Este tipo de profesionales debe también ser capaz de gestionar las relaciones con los abogados externos, si bien éstas serán de menor complejidad que en el caso anterior, ya que por lo general la súper especialización requerida limitará el número de despachos colaboradores. 

 3. De pata negra: Este tipo de asesoría externaliza lo sencillo y se concentra en los asuntos más mayor complejidad y requiere por tanto abogados altamente especializados a través de la formación recibida (programas de postgrado) o de la experiencia adquirida en el sector concreto de actividad de la empresa. También los abogados de este tipo de asesorías necesitan ser capaces de gestionar la contratación de asuntos: identificando abogados externos capaces de llevarles los asuntos, supervisando el servicio prestado, los honorarios facturados… Los abogados externos de este tipo de asesorías no necesariamente han de tener mucha experiencia, ya que el tipo de servicio que necesitan subcontratar es poco sofisticado.

Vistos los tipos de asesorías que suelen darse, es interesante reflexionar sobre las razones que hacen que se configuren estos departamentos dentro de una u otra de las categorías anteriores. Mi impresión es que el encuadramiento de una asesoría jurídica en una tipología u otra, no tiene siempre que ver con una decisión, expresa y consciente, de la dirección general de la empresa, sino que, como he señalado al principio, su creación en muchos casos se produce para responder a una necesidad, y su desarrollo posterior (tamaño, rol en la empresa, presencia o no en el comité de dirección de su responsable, presupuesto asignado, etc.) es el resultado de las actitudes y aptitudes de los propios profesionales que las conforman. Conozco más de un profesional que ha pasado de dirigir una asesoría jurídica interna a ser consejero delegado, pero también conozco alguno que está permanentemente frustrado porque sólo le vienen a ver sus “clientes internos” con demandas en la mano.

Creo además conveniente que desde la dirección general con el apoyo del área de RR.HH. se haga en las empresas la reflexión sobre el tipo de departamento que mejor se ajusta a las necesidades reales, respondiendo a preguntas como: ¿a qué tipo de tareas y asuntos dedican los abogados internos su tiempo?, ¿en qué ramas del Derecho han recibido formación o destacan como profesionales?, ¿en qué tipo de asuntos y por qué tipo de profesionales externos se dejan ayudar?, ¿se ha hecho en algún momento en la empresa el análisis, reflexión y toma de decisión sobre el mejor modelo organizativo para el área de asesoría jurídica?, ¿qué tipo de carrera puede ofrecerse a los abogados dentro de la empresa?

 Es importante que las empresas escojan el modelo de asesoría jurídica que mejor se adapte a sus necesidades, en lugar del que de forma espontánea se haya ido configurando. No hay un único modelo válido, pero está claro que el mejor será el que por un menor precio, dé a la empresa el mejor servicio y a su vez, el mejor servicio, será el que resulte en una menor litigiosidad y rotación del equipo y en un alto índice de satisfacción interna con el área y de los propios profesionales que trabajan en ella, ¿cumple estos parámetros la asesoría jurídica de tu empresa?