Juventud, abogacía y examen de conciencia

Algunos me habéis pedido en vuestros comentarios que dedique un post al tema de la atracción de talento. Hace un par de meses, preparé un artículo para Expansión sobre este tema, que me permito reproducir aquí porque creo que las reflexiones que en él hago, son aún válidas y pueden abrir un interesante debate:

“¿Dónde radica la ventaja competitiva de las naciones?”. Esa es la pregunta que hace ya más de quince años planteaba Michael Porter en un artículo publicado en la revista Harvard-Deusto Business Review. En respuesta a esta cuestión Porter señalaba que “el talento sobresaliente es un recurso escaso en cualquier nación. El éxito de un país depende en gran medida del tipo de formación que eligen sus profesionales, de dónde optan por trabajar y de su compromiso y esfuerzo. Los objetivos de las instituciones de una nación, los valores fijados por los individuos y las empresas, y el prestigio que ello conlleva para ciertos sectores, orientan el flujo de capital y de los recursos humanos. Lo cual, a su vez, afecta directamente a la posición competitiva de cada sector”. El autor invitaba así a la reflexión sobre la competitividad y la capacidad de los estados, sus compañías e instituciones para atraer el talento.

Cada vez es más frecuente escuchar a los responsables de recursos humanos de los despachos de abogados, quejarse de las dificultades para encontrar buenos profesionales. Entre las causas, suelen mencionar la falta de ambición y de espíritu competitivo de los jóvenes, así como su afán por conciliar y disfrutar de su tiempo de ocio. Sin embargo, no es frecuente que las firmas de abogados hagan un ejercicio de autocrítica dirigido a reflexionar sobre otras posibles causas que dificultan la atracción de profesionales.

Desde hace algunos años, el Consejo General de la Abogacía Española ha encargado a una empresa especializada, la realización del estudio Barómetro interno y externo de la Abogacía para conocer mejor la imagen del sector, tanto la que tienen de sí mismos los propios abogados, como la que los españoles tienen de estos profesionales. El resultado de la tercera edición demuestra que cada vez son más los abogados que creen que los españoles tienen una imagen positiva de ellos (el 42%, frente al 32% en 2005 y sólo el 27% en 2003). Sin embargo, de los datos se deduce también que aún una mayoría de profesionales (54%) creen que en la sociedad predomina una imagen negativa de ellos. Me pregunto: ¿cómo podemos entonces vender a otros nuestro oficio, cuando nosotros mismos no estamos convencidos de la bondad, importancia y utilidad de lo que hacemos?

Y lo cierto es que, a la vista del descenso de la natalidad, cada vez serán menos los jóvenes que dedicarán su vida al ejercicio de la abogacía. Así, una primera reflexión que podemos hacer los abogados es que es necesario autoconvencernos de la bondad de nuestra profesión para atraer talento. Sobre todo cuando, como demuestra el mencionado estudio, “la abogacía es percibida cada vez más como una profesión que, mediante la defensa y promoción de intereses y derechos individuales y/o particulares, protege valores e intereses colectivos”, es decir como una profesión beneficiosa para la sociedad.

Una segunda reflexión que me parece importante se refiere a los mensajes que, en muchas ocasiones, se están comunicando a los jóvenes sobre cómo se les percibe.Y es que, a menudo, se leen opiniones y se escuchan mensajes muy negativos sobre los jóvenes de ahora. Se habla así de una generación peor preparada, menos dispuesta, menos ambiciosa y, posiblemente haya que plantearse si estos son los calificativos con los que podemos atraerla. ¿No sería más adecuado intentar ver la realidad a través de idénticas lentes a las que usan nuestros jóvenes? Así, como decía recientemente una responsable de recursos humanos de un despacho de abogados, quizás entenderemos que lo que ocurre es que estos jóvenes han podido convertir en realidad, lo que para los de anteriores generaciones fueron anhelos: no se han enfrentado al desafío del paro, cobran sueldos justos y son mimados por sus organizaciones desde el inicio de su carrera. Así probablemente estén menos preparados para la lucha, para entender una cultura del esfuerzo, pero también, posiblemente, ese mismo contexto les haya permitido crecer con menos miedos y con más preparación y capacidad para trabajar en una cultura de la colaboración.

Finalizo así estas líneas, invitando a los despachos de abogados a reflexionar, para identificar todo lo bueno que pueden ofrecer a los jóvenes profesionales. Si el talento no viene a nosotros, quizás nosotros tengamos que salir a buscarlo. Y para ello, ser plenamente conscientes de lo qué ofrecemos (el ejercicio de una profesión necesaria que conlleva el cumplimiento de la labor social de defensa de los derechos y libertades de los ciudadanos), de lo que quieren los jóvenes (cómo ven la realidad y su futuro) y lograr comunicar mensajes positivos sobre cómo les percibimos, son éstos tres mecanismos que quizás puedan ayudar a tener éxito en la búsqueda de talento. Suerte y al toro.

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