García, Fernández, Gonzalez, Rodríguez, López y Martínez Abogados

El título de este post no es o al menos no pretende ser el nombre de un despacho de abogados real. Se ha construido utilizando los cinco apellidos más comunes en España. Hoy me gustaría compartir con vosotros algunas reflexiones sobre las denominaciones que identifican muchos de nuestros despachos y que son utilizadas también como marca comercial, como tarjeta de visita ante clientes, proveedores, etc. En algún momento de mi carrera me plantée la opción profesional de crear mi propio despacho y entonces dediqué algún tiempo a reflexionar sobre el nombre que le pondría. Y la primera opción que contemplé, como es práctica habitual en el sector, fue la de utilizar mis apellidos. Los expertos en marcas consideran que una buena marca debe reunir cuatro condiciones: ser creible, perdurable, relevante y diferencial. ¿Qué hubiera pasado si finalmente hubiera elegido González como marca para identificar mi despacho? El cumplimiento de la primera condición hubiera evidentemente dependido de mi capacidad de demostrar a mis clientes la bondad de mis servicios. El cumplimiento de la segunda, está claro que con casi el millón de González que hay en España y los muchos más que nuestro fecundo clan tiene en América Latina, estaba garantizado. Sólo un cataclismo mundial podría extinguir a la extensa familia González. Es ésta claramente uns denominación abocada a perdurar. Pero ¿y los requisitos de relevancia y capacidad diferenciadora? ¿Me hubiera permitido el uso de González construir una identidad corporativa con facilidad? ¿hubiera sido fácil diferenciarme de mis competidores con esta denominación? Pues sinceramente, creo que la respuesta es obvia: me hubiera costado mucho esfuerzo conseguirlo. Es evidente que no es fácil encontrar una buena denominación, somos tantos ya (según los datos que hace un par de años me comentó un alto directivo de la editorial Aranzadi (más de 16.000 despachos tenían ellos identificados en toda España). Es arriesgado dar consejos en este campo, pero pienso que intentar que el nombre elegido responda al menos a esas cuatro condiciones mencionadas, puede ser una buena prueba a superar por las diferentes opciones que barajemos. Por otra parte, hay una clara tendencia hoy a usar nombres cortos, globales (pronunciables en varios idiomas), que puedan incluso reflejarse graficamente a través de un símbolo fácil de recordar y que nuestra mente inmediatamente sea capaz de identificar con ese nombre. En consecuencia, usar apellidos (en nuestro caso expresables sin problemas por el mundo latino, pero más dificilmente en otros entornos) y como además ocurre a veces, juntar dos o más de éstos, es una práctica que quizás debiéramos revisar, sobre todo si en el plan de negocio de la firma se tiene como objetivo la expansión internacional y se van a dedicar recursos al marketing y a la comunicación.