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¿Emprendedores con Imaginación o Mejor con Organización?

Por fin hace unos días tuve tiempo para leerlo o mejor dicho, devorarlo, porque lo que cuenta es tan interesante que se lee muy rápidamente. El libro me ha servido sobre todo para reflexionar sobre el estrecho vínculo existente entre el éxito empresarial y la cultura corporativa. Me explico: hace tiempo incorporé a mi vademécum de verdades aceptadas que sólo si se tiene una buena idea, un proyecto original, diferente, con un importante contenido innovador, debe montarse un negocio, una empresa. Y qué difícil es lograr tener un proyecto de ese tipo ¿verdad?, quizás por eso tan poca gente finalmente emprende. Pero hete aquí que los autores de “Built to last” a través de una investigación que duró varios años, analizaron hasta el más mínimo detalle de la historia, organización, procesos, etc. de 18 empresas norteamericanas que fueron calificadas de “visionarias” y que cumplían los requisitos siguientes:

1. Ser líder en su sector.

2. Ser admirada por sus competidores.

3. Ser responsable de alguna aportación que haya dejado una huella indeleble en el mundo en que vivimos.

4. Haber tenido ya varias generaciones de directores generales/consejeros-delegados.

5. Haber pasado sus productos o servicios por diferentes fases del ciclo vital.

6. Haber sido fundada antes de 1950.

La sorpresa es que según este estudio la clave del éxito de estas empresas estriba esencialmente en el hecho de tener una fuerte y clara cultura corporativa, una forma diferente de hacer las cosas, que fomenta la permanencia en la empresa de quienes se adaptan a ella y que hace que quienes no se adapten lo sepan casi desde el principio y también que sólo excepcionalmente los que mandan vengan de fuera y no sean gente de la casa que ha sido promocionada. Son empresas con planes de carrera claros, que ponen mucho énfasis en la formación. No son empresas que comparten idénticos valores, pero sí que tienen claros lo propios, los comunican y su gente realiza su trabajo inspirándose en ellos.

En resumen, mi vademécum de verdades ha cambiado, no creo que haga falta esperar a que se encienda la bombilla, pero sí a tener claro lo que se quiere, a verbalizarlo, a reflexionar y desarrollar los procesos a través de los cuales vamos a ser capaces de lograr ese objetivo y a buscar a la gente que también se lo crea. Lo importante es ser capaz de generar una cultura fuerte y clara, de atraer gente buena que la quiera compartir y estar dispuesto a trabajar duro apoyándose en ella para lograr lo que juntos se propongan alcanzar.  Así se han construido, según parece, las grandes y más admiradas empresas.