El libro electrónico en el sector jurídico

A la vuelta del verano, la musa que inspira a los articulistas de blogs y periódicos ha debido susurrar en la oreja de muchos que el libro electrónico era un buen tema, porque desde que regresé de mis vacaciones no hay día en que no lea algo sobre ello. Se escribe sobre su prometedor futuro, sobre la gran resistencia que a su uso hacen los amantes del papel y el libro, los diferentes modelos disponibles y sus ventajas e inconvenientes,  así como sobre los nuevos proyectos empresariales que alrededor de este artículo se están gestando: nuevas editoriales, nuevos fabricantes del necesario artilugio, etc. Además, la semana pasada recibí el boletín de una librería jurídica de toda la vida y entre las ofertas incluían una que me sorprendió: varios libros técnicos a  coste cero, eso sí en versión digital. 

Creo por ello que ha llegado el momento de hablar sobre el futuro del libro electrónico en nuestro sector. Antes de nada quiero aclarar por si no tenéis ningún conocido “teky” que se pasee ya con uno y porque además el término es ambiguo,  el concepto de libro electrónico. Por tal se entienden dos cosas: 1) Una obra individual que está en formato digital y 2) Un dispositivo utilizado para leer libros en formato digital. Por si a alguien le interesa informarse más más sobre el concepto incluyo aquí el hipervínculo de la wikipedia para la entrada libro electrónico  http://es.wikipedia.org/wiki/Libro-e

 Dispositivos hay ya varios disponibles en el mercado, uno el Papyre, concebido por una empresa granadina y sobre el que Carlos Sala, el periodista, ha escrito algún artículo señalando que es estupendo,  y el que creo es el más popular, el desarrollado por la empresa Amazon, llamado Kindle y que yo sepa sólo a la venta en España a través de internet.

Creo que casi todos los abogados de cierta edad tenemos grabada en nuestra cabeza la imagen de lo que era, al menos hasta hace poco, un típico despacho y que podía resumirse en una decoración sobria, clásica, un poco hogareña (seguramente porque al abogado, que pasa muchas horas en su despacho, le gusta sentirse allí como en casa y reproduce a menudo decoraciones que recueran mucho al salón de buena casa) y con una buena biblioteca presidida por la colección de jurisprudencia  y legislación de Aranzadi, esos libros con tan bella encuadernación y que realmente daban “caché”.  Y ahora nos dicen que se acabó y que pronto desaparecerán las bibliotecas y que ya leeremos todo en digital. Como nadie mejor que las propias editoriales jurídicas podría informarme sobre el futuro hace unas semanas preparé un breve cuestionario con las preguntas siguientes: ¿vende tu editorial ya e-libros?, ¿qué ventajas, inconvenientes y futuro tiene los e-libros para el sector jurídico?, ¿en qué plazo crees que los e-libros sustituirán a los editados en papel? y finalmente les pregunté si están ya vendiendo e-libros?

Os resumo lo que me han contestado las personas contactadas (altos directivos de editoriales jurídicas): todas ellas venden ya e-libros, ven enormes ventajas a este formato como el poco peso, que no ocupa espacio (adiós a las librerías), el acceso inmediato (adiós al placer de deambular por una librería y más aún a las librerías de viejo), la posibilidad de la actualización permanente,  la posibilidad de incorporar hipervínculos, la posibilidad de interactuar y participar en la obra (añadiendo comentarios, marcas, etc.) y la de personalizar la obra (es posible crear ediciones a medida, personalizadas). Está claro que son montones las ventajas, pero ¿qué hay de las desventajas?  Las principales que me han indicado son la piratería, la resistencia del abogado a abandonar el “viejo libro de papel” y uno que si me parece menos obvio, pero muy preocupante y lo cito con las palabras de José Ramón Moratalla (Director de Marketing de Difusión Jurídica y Temas de Actualidad) “el alto riesgo de pérdida de atención que genera la navegabilidad interdocumental vía hiperenlaces textuales que hace por curiosidad se vaya navegando y navegando y al final el usuario se ve privado de tiempo y dispersada su atención”.  ¿No os suena? Vas a buscar un dato de una empresa y acabas comprando naranjas por internet (este fenómeno del cierto atontamiento al que internet nos está llevando ya ha sido científicamente estudiado y en un próximo post me gustaría hablar de ello).

Sobre el plazo que tomará este cambio -que todos sin excepción dan por seguro que ocurrirá-, no parece sin embargo haber mucho consenso. Para unos será de 12 meses, para otros de 24, para otros de 10 años. Yo la verdad es que me inclino a pensar que posiblemente sea acertada la visión de Carles Gibernau de Vlex -editorial pionera en esto de las publicaciones digitales- que me ha dicho ” creo que en los próximos 12 meses los libros electrónicos va a irrumpir con gran fuerza en todo el mundo, transformando completamente la industria editorial”.

En resumen, la mayoría de las editoriales jurídicas creen que su futuro pasa por el libro digital. El cambio se producirá tanto más rápido cuanto las editoriales tarden en tener digitalizados todos sus fondos. En el caso de libros técnicos, como los jurídicos, la caducidad es rápida y la necesidad de digitalizar viejos libros posiblemente escasa y obviamente cuanto más barato sea digitalizar una obra, más obras serán digitalizadas. De los libros publicados en los últimos años ya hay versiones digitales. El cambio también dependerá del tiempo que nosotros los clientes tardemos en escoger como regalo de Navidad para nuestras parejas, amigos y familiares un libro electronico. Yo la verdad es que estoy deseando que llegue la Navidad para ver si me cae uno, creo que me va a gustar este invento.