El cuidado de la imagen profesional en la red

Seguro que ya has probado a buscar tu nombre en Internet y seguro también que el buscador te ha devuelto el resultado de que eres además de un ente material, un ente virtual y quizás hasta te has llevado alguna sorpresa sobre lo que se dice de ti o los lugares en donde transcurre tu existencia virtual. Quizás también hayas hecho ese ejercicio para tu despacho, ¿qué resultado has obtenido?, ¿existe?, ¿dónde?, ¿cómo?

Sabemos que la contratación de un abogado se realiza en una porcentaje elevadísimo de ocasiones gracias a la reputación que ostentamos en el mercado (del boca a oreja dicen algunos estudios que procede el 60% de los asuntos que entran por término medio en un despacho). Sabemos también que las webs son una de las fuentes más consultadas para buscar información y que su uso para tal fin es creciente e imparable. Sabemos también que la reputación de un despacho es la suma de las reputaciones de cada uno de los profesionales que lo forman y que “lo colectivo” tiene sólo responsabilidad en este campo sobre una parte. Sabiendo todo lo anterior, no tenemos más remedio que aceptar la siguiente premisa: La reputación que los profesionales del despacho o de la asesoría jurídica tengan en internet debe ser buena, si quiero que la de mi despacho o asesoría también lo sea. 

A este fin son cada vez más las empresas que están desarrollando medidas,  como por ejemplo, establecer un protocolo interno con directrices sobre la presencia de sus empleados en redes sociales profesionales. Este documento recoge aspectos -como el vocabulario, las imágenes, los contenidos, etc.- que el despacho desea respeten los profesionales cuando se den de alta en una red social y cuando interactúen en la misma.

Para desarrollar un documento de este tipo puede ser aconsejable contratar los servicios de una empresa especializada. Alrededor de la reputación están surgiendo una serie de negocios que quizás nos interese contratar como por ejemplo: los servicios de vigilancia digital (que se encargan de la detección temprana de cualquier tipo de información referente a una organización, sus profesionales, etc. y a detectar problemas como las fugas de información, violaciones de derechos de propiedad intelectual o daños de la imagen de la empresa o de los profesionales) o las consultorías de reputación digital, virtual o en red (que realizan un diagnóstico y pueden además ayudarnos a definir la estrategia para construir o mejorar nuestra reputación).

Si nos gustan las “manualidades”, valemos un poco “pa todo” y decidimos hacerlo nosotros mismos, se me ocurre que entre otras cosas es importante que tengamos el equivalente a un “libro de estilo” para este medio (es decir el registro y vocabulario que queremos que nuestros profesionales respeten en este medio); una política sobre los niveles de privacidad aconsejados por la firma;  unas pautas claras sobre lo que se puede y no se puede hacer en este medio, por ejemplo, quizás debamos avisar de que no se deberían publicar opiniones que puedan ser consideradas como asesoramiento jurídico o de que si se expresan este tipo de opiniones, se haga en primera persona y no en nombre de la firma; o recordar el deber de confidencialidad que debe mantenerse en cualquier caso respecto a los asuntos y clientes; así como lo peligrosas que pueden ser las críticas expresadas en internet sobre terceros. Atención también debe prestarse al uso de logos, imágenes, vídeos, etc.

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