Del entrevistador entrevistado y otros vicios afines

Son muchos los despachos que en esta época del año realizan procesos de selección. Una de las partes más importantes de cualquier proceso, es la entrevista a los candidatos. Realizar una entrevista para que realmente sirva para lo que debería servir, esto es, para  ayudarnos a tomar una decisión bien fundamentada sobre la idoneidad del candidato para integrarse en nuestra organización, exige algo de arte y mucha técnica.

En ocasiones hemos observado cómo el entrevistador olvida su verdadero papel, el de conocer mejor al entrevistado, el de detectar si el candidato es o no idóneo para el puesto que se desea cubrir y dedica la entrevista a hablar sobre sí mismo, sobre lo que hace el despacho o lo que él hace en el despacho. Esto último aún puede tener sentido, ya que está claro que la entrevista es también un medio para de alguna forma promocionar nuestra firma. Sin embargo, una cosa es aprovechar para meter una “cuña publicitaria” y otra muy distinta dedicar la entrevista a hablar de nosotros. A las entrevistas debe acudirse preparado para escuchar, no sólo lo que verbalmente se comunica sino también lo que visualmente nos dice el candidato sobre sí mismo (seguridad, autoestima, convicción sobre lo que desea hacer profesionalmente, habilidad para hablar en público, capacidad de trabajo en equipo, etc.).

A las entrevistas hay que ir sin prisas, pero no hace falta pensar que hay que echar la tarde o la mañana con el entrevistado. En mi experiencia, media hora debería bastarnos para evaluar a alguien. Si nos ponemos un plazo seremos más capaces de extraer la información que necesitamos. Si no hay límite de hora es mucho más probable que nos dispersemos y acabemos hablando de temas en absoluto interesantes para evaluar al candidato.

En las entrevistas hay que ser discreto y no olvidarse del deber de guardar secreto A veces, en el afán de convencer al candidato de lo bien que hacemos las cosas y de que sepa las cosas tan interesantes que hacemos, hablamos demasiado. Pero no debemos nunca olvidar, que el candidato (hasta que no firme un contrato) no está vinculado con nuestro despacho, ni con nuestros clientes. No sé si ha sido casualidad, pero personalmente en más de una ocasión me han dado a conocer en el contexto de una entrevista detalles de asuntos, datos sobre “las tripas” de un despacho, que realmente creo no deberían de facilitado jamás y menos teniendo en cuenta que después ni siquiera he trabajado con ellos.

A las entrevistas hay que ir sin prejuicios. Es muy útil la práctica que en algunos países y empresas es incluso obligada, de eliminar en los C.V. los nombres y aquellos datos que nos pudieran permitir identificar al candidato o informaciones sobre éste como el sexo, religión o ideología política.

Para los que quieran profundizar más en el bonito arte de la entrevista, una web que contiene mucha información útil es la del portal Universia.

 Animo y al toro. ¡Feliz entrevista y mejor elección!