Interesante debate sobre juicios paralelos en el ICAM

20140703_204702La mesa redonda sobre los juicios paralelos en el entorno de los nuevos medios digitales y las redes sociales, celebrada en el ICAM con motivo de la presentación de la nueva web de Diario Jurídico reunió a tres excepcionales ponentes: Manuel Sánchez de Diego Fernández de la Riva, periodista y abogado, profesor titular de derecho constitucional, Luis Romero, reconocido abogado penalista y Manuel Núñez Encabo, presidente de la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología de FAPE.

Nuestra socia directora, María Jesús González-Espejo moderó un debate del que podemos resaltar algunas interesantes conclusiones:

El juicio paralelo atañe a los entornos judicial e informativo, una premisa importante de partida.

Lo primero que se hizo fue definir qué es un juicio paralelo: opiniones y valoraciones que vierten los medios de comunicación sobre determinados hechos. A veces, se traspasan los límites respecto a la libertad de expresión y como consecuencia, se ocasiona un daño en la reputación de las personas.

En todo juicio paralelo entran en conflicto varios derechos: el artículo 20.1.d de la Constitución Española establece el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión, siendo una piedra angular de la sociedad democrática. Igualmente, el artículo 120 habla de la publicidad de las actuaciones judiciales, que se hace efectiva con la presencia de los medios de comunicación. Por su parte,  los artículos 18 y 24 establecen el derecho al honor y a la propia imagen y a la tutela judicial efectiva, respectivamente.

Es responsabilidad de los medios de comunicación establecer el equilibrio adecuado entre todos ellos.

El tema de los juicios paralelos parece bastante inevitable. Podemos concebirlos como una consecuencia de la falta de fe de la sociedad en la Justicia. Ésta es una carencia obvia que es necesario corregir. Sin embargo, parece también bastante obvio que los seres humanos emitimos continuamente valoraciones sobre el mundo que nos rodea, de ahí, que el juicio paralelo no debería asustarnos y es lógico, en cierta medida, que los medios de comunicación entren a valorar determinados asuntos públicos.

Otra reflexión muy importante que hicieron los ponentes es la de que es necesario distinguir entre los medios de comunicación con una estructura informativa, unos controles de calidad y unos profesionales que poseen una formación y otros medios de comunicación que han surgido como consecuencia de la revolución de internet. En los primeros es sencillo establecer  unos códigos éticos, que garanticen la salvaguardia de los derechos. En los segundos, es más difícil, ya que cualquier persona puede hoy generar contenidos y si no tiene  la preparación necesaria, lo habitual es que no se realicen procesos tan necesarios como el de contratar las fuentes y mucho menos, el de respetar la obligación de comunicar información veraz.

Asistimos a un nuevo paradigma de la comunicación social, tenemos nuevos canales de información con dos características: globales e inmediatos y es evidente el desfase de Jueces y Tribunales en relación a las nuevas tecnologías. Esta última cuestión debería recibir la atención necesaria con urgencia.

Un apunte de gran valor fue el de Manuel Sánchez de Diego: “interés público no es interés del público”. La relevancia pública se liga al concepto de opinión pública. Si algo tiene relevancia en la opinión pública, se justifica la información por parte de un medio de comunicación. Para ello, se ponderan los derechos que entran en conflicto y esto no se hace desde los tribunales, sino desde la autorregulación deontológica, una de las posibles soluciones a los juicios paralelos que propone Manuel Núñez Encabo desde FAPE. Por su parte, Manuel Sánchez de Diego, nos habló del ya reconocido derecho al olvido en la red y lo que su ejercicio puede aportar a la preservación del derecho al honor en muchos casos.

La principal conclusión del debate, apuntada por todos los participantes, es que periodistas y abogados están “condenados a entenderse” ya que cada vez con más frecuencia y sobre todo cuando entra en  escena el interés público, las fronteras de su ámbito de actuación quedan desdibujadas.

 

 

 

 

 

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