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Casi todo está por las nubes

Yo creo que fue hace cerca de una año cuando por primera vez leí en Expansión algún artículo o entrevista en el que se hablaba del “Cloud Computing”. Lo de la nube me interesó y aunque no conseguí entender del todo de qué se trataba, si comprendí que iban a producirse cambios en materia informática (por si alguien quiere saber más sobre el tema la Fundación Bankinter en su última newsletter ha publicado un especial sobre el tema al que se accede por este vínculo). 

Pasados unos meses, entendí que en el fondo hacía tiempo que yo también me estaba aprovechando de ese fenómeno y andaba, sin saberlo, “por las nubes”, como usuaria activa que ya era de hotmail y de su servicio de correo electrónico; como cliente de Picasa, que uso para compartir mis fotos o como miembro de varias redes sociales como Linkedin o Facebook. Además hacía tiempo que también usaba Plaxo para gestionar mi agenda y de Amiando y Eventbrite para gestionar eventos.  No voy a aburriros enunciando todas las estupendas herramientas que he encontrado en Internet, sino transmitiros que sin saberlo, yo he escogido hace tiempo “vivir en en la nube”, es decir utilizar aplicaciones infórmáticas que otros tienen almacenados en sus servidores. Y la verdad es que esto me permite no preocuparme por el espacio disponible en mi disco duro, no tener que hacer copias de seguridad y es que, toda la responsabilidad del almacenamiento de datos y su control queda en manos de terceros. Y yo, !a vivir, que son dos días!  Como soy de naturaleza curiosa cada vez que me asomo a Internet, acabo explorado una nueva herramienta y en muchos casos suscribiéndome a ella. El proceso es sencillo:  1) Relleno lo más rápido que puedo los formularios, cumplimentando sólo aquellos datos que me dicen son obligatorios (pero absolutamente despreocupada ya por la cesión de datos personales que realizo);2) Acepto las condiciones de uso sin rechistar y eso que están en inglés por lo general, son como pasa habitualmente con las condiciones de uso, muchas y además, están escritas con letra muy, pero que muy pequeña. 3) Me aceptan, me avisan de ello y me pongo a explorar el nuevo juguete. Sin embargo, soy consciente de que hay riesgos porque de estas empresas muchas veces ni sabemos dónde están, ni quién las dirige y hay que estar preparados para el día en que: 

1) Decidan cobrarnos por los servicios, como ha acaecido recientemente con la red NING (recomiendo la lectura del Post de mi compañero en los blogs de Expansión Miguel Ángel sobre el tema).

2) Desaparezcan o cambien de dueños y la nueva dirección modifique el modelo de negocio.  

3) Les falle algo en sus sistemas de seguridad o funcionamiento y suframos daños de algún tipo por ello (como recientemente ha ocurrido con empresas tan importantes como Google o Facebook). Y es que aunque parezca contradictorio: está bien vivir en las nubes, pero hay hacerlo de forma consciente.